En los últimos años, una creencia popular ha ganado fuerza entre los consumidores: los móviles se estropean cada pocos años porque los fabricantes los diseñan intencionadamente para fallar, obligándonos a comprar modelos nuevos.

Este concepto, conocido como obsolescencia programada, ha generado debates, teorías conspirativas y desconfianza hacia las grandes marcas tecnológicas.

Pero, ¿hasta qué punto es cierto este mito? ¿Realmente los fabricantes manipulan sus dispositivos para que dejen de funcionar? Analicemos los argumentos a favor y en contra, y desentrañemos la verdad detrás de esta idea.

¿Qué es la obsolescencia programada?

 

La obsolescencia programada se refiere a la práctica de diseñar productos con una vida útil limitada para incentivar su reemplazo. En el caso de los móviles, se acusa a las empresas de usar materiales de menor calidad, limitar las actualizaciones de software o introducir fallos deliberados para que los dispositivos se vuelvan lentos, obsoletos o directamente inutilizables tras un par de años. La teoría sugiere que esto beneficia a las compañías al garantizar un flujo constante de ventas.

 

Argumentos a favor del mito

 

Baterías no reemplazables: Uno de los puntos más citados es el diseño de móviles con baterías selladas que no se pueden cambiar fácilmente. Las baterías de iones de litio, que alimentan la mayoría de los smartphones, tienen un número limitado de ciclos de carga (generalmente entre 300 y 500). Tras dos o tres años de uso intensivo, la capacidad de la batería disminuye notablemente, lo que puede hacer que el dispositivo parezca «inservible». Cambiar la batería suele ser costoso o complicado, lo que lleva a muchos usuarios a optar por un móvil nuevo.

Actualizaciones de software limitadas: Los fabricantes suelen dejar de proporcionar actualizaciones de software para modelos antiguos después de unos pocos años. Sin actualizaciones, los dispositivos no solo pierden acceso a nuevas funciones, sino que también pueden volverse vulnerables a problemas de seguridad o incompatibles con aplicaciones modernas. Por ejemplo, un móvil que no recibe la última versión de Android o iOS puede empezar a funcionar mal con apps que requieren sistemas operativos más recientes.

Ralentización intencionada: En 2017, Apple admitió que reducía el rendimiento de algunos iPhones antiguos mediante actualizaciones de software para evitar problemas con baterías degradadas. Aunque la compañía argumentó que esto era para proteger los dispositivos y evitar apagones inesperados, muchos usuarios lo interpretaron como una prueba de obsolescencia programada. El escándalo generó multas en varios países y alimentó la desconfianza hacia los fabricantes.

Cultura del consumismo: La rápida evolución tecnológica y las agresivas campañas de marketing también juegan un papel. Cada año, las marcas lanzan nuevos modelos con características innovadoras, como cámaras más potentes o pantallas mejoradas, lo que hace que los dispositivos de hace dos o tres años parezcan obsoletos, incluso si funcionan perfectamente.

 

Argumentos en contra del mito

 

Incentivos económicos: Diseñar móviles para que fallen intencionadamente podría ser contraproducente para los fabricantes. Si los consumidores perciben que una marca produce dispositivos poco duraderos, podrían cambiar a la competencia. La reputación y la lealtad del cliente son cruciales en un mercado tan competitivo, y las empresas invierten millones en garantizar la calidad de sus productos.

Avances tecnológicos: La rápida obsolescencia de los móviles no siempre es intencionada, sino una consecuencia del ritmo acelerado de la innovación. Los procesadores, sensores y software evolucionan constantemente, y los dispositivos antiguos simplemente no pueden seguir el paso. Por ejemplo, aplicaciones modernas como las de inteligencia artificial o realidad aumentada requieren hardware más potente, lo que deja atrás a los modelos más antiguos.

Durabilidad mejorada: Contrario a la creencia popular, muchos móviles modernos están diseñados para ser más resistentes. Materiales como el cristal reforzado o el aluminio, junto con certificaciones de resistencia al agua (como IP68), hacen que los smartphones actuales sean más duraderos que los de hace una década. Además, marcas como Apple y Samsung ofrecen programas de reparación y recambio de piezas, lo que prolonga la vida útil de los dispositivos.

Hábitos de los consumidores: Los usuarios también contribuyen a la percepción de obsolescencia. Muchos cambian de móvil no porque el anterior esté roto, sino porque desean tener el último modelo. Según estudios, el ciclo promedio de reemplazo de un smartphone es de 2 a 3 años, incluso cuando el dispositivo sigue funcionando. Esto sugiere que la presión social y el deseo de estar a la moda influyen tanto o más que los supuestos fallos programados.

 

La verdad: un punto intermedio

 

Aunque hay evidencias de prácticas que podrían considerarse obsolescencia programada, como la ralentización de iPhones o el cese de actualizaciones, no hay pruebas concluyentes de que los fabricantes diseñen móviles para que se rompan intencionadamente. En muchos casos, la percepción de obsolescencia está más relacionada con la evolución tecnológica, los hábitos de consumo y las expectativas de los usuarios que con una conspiración corporativa.

Por ejemplo, el caso de las baterías es un punto crítico. Aunque su degradación es un proceso natural, los diseños que dificultan su reemplazo no ayudan a disipar las sospechas.

Sin embargo, la presión de los consumidores y las regulaciones están cambiando esta tendencia. En la Unión Europea, por ejemplo, nuevas leyes exigen que los fabricantes faciliten la reparación de dispositivos y el reemplazo de baterías para 2027, lo que podría extender la vida útil de los móviles.

¿Qué pueden hacer los consumidores?

Si quieres maximizar la vida útil de tu móvil y desafiar la supuesta obsolescencia programada, aquí van algunos consejos:
Cuida la batería: Evita cargar el móvil al 100% constantemente y mantén la carga entre el 20% y el 80% para prolongar su vida útil.

Actualiza con precaución: Investiga antes de instalar actualizaciones de software, especialmente en dispositivos antiguos, para evitar problemas de rendimiento.

Repara en lugar de reemplazar: Cambiar la batería o la pantalla suele ser más barato que comprar un móvil nuevo.

Elige marcas comprometidas con la sostenibilidad: Algunas empresas, como Fairphone, priorizan la reparabilidad y las actualizaciones a largo plazo.

Sé crítico con el consumismo: Reflexiona si realmente necesitas el último modelo o si tu móvil actual sigue cumpliendo tus necesidades.

Conclusión

El mito de que los móviles se estropean cada pocos años para obligarte a comprar uno nuevo contiene algo de verdad, pero está lejos de ser una conspiración generalizada. Factores como el diseño de las baterías, las limitaciones de software y la presión del mercado contribuyen a la percepción de obsolescencia, pero los avances tecnológicos y las decisiones de los consumidores también juegan un papel importante. En última instancia, la clave está en informarse, cuidar los dispositivos y exigir a los fabricantes prácticas más sostenibles. Así, podemos alargar la vida de nuestros móviles y reducir el impacto de este supuesto complot tecnológico.